Un tubo volcánico de luz para contar Lanzarote entera en pocos segundos.
El punto de partida es el Túnel de la Atlántida, formado hace unos 21.000 años tras la erupción del Volcán de La Corona. La lava fluida corriendo por debajo de capas ya solidificadas excavó una galería de unos 7.100 metros, de los cuales los últimos 1.600 discurren bajo el mar: es el túnel submarino más largo del mundo.
El stand traduce esa geología en una estructura de dodecaedros pentagonales translúcidos que se agregan hasta formar un tubo por el que se entra y se camina. Cada pieza lleva dentro iluminación LED de color, y entre ellas se intercalan pantallas con vídeo, fotografía y códigos QR que el visitante puede llevarse al móvil.
Todo se gobierna desde una pantalla táctil: al elegir una zona de la isla, el conjunto reacciona a la vez —luz, imagen y sonido cambian para contar ese lugar concreto—. Porque Lanzarote no es solo el volcán: es también mar, sal, viento, arena, cactus, vino y César Manrique.

